Guillermo Soppe, cordobés de nacimiento y Maestro Internacional, cumple años con una historia construida entre partidas, viajes, campeonatos y aquella silenciosa batalla de las sesenta y cuatro casillas.
Nació un 17 de septiembre de 1960, en Córdoba, cuando todavía había tiempo para mirar una partida sin apuro y descubrir que, en el ajedrez, muchas veces la jugada más importante es la que todavía no se hizo.
Guillermo Gustavo Soppe fue edificando su nombre con paciencia de artesano. Dos veces campeón argentino —en 1990, en San Luis, y nuevamente en 2003—, supo conocer también la exigencia de representar al país. Fueron varias Olimpíadas, entre ellas las de 1990, 1992, 1996, 2000, 2002 y 2004, llevando el tablero argentino por distintos escenarios del mundo.
Pero hay recuerdos que permanecen con un brillo especial. En 1985, en Villa Gesell, consiguió la medalla de oro por equipos y también la individual en el segundo tablero reserva del Campeonato Panamericano por equipos. Después llegarían nuevas actuaciones, otros torneos y la victoria en el II Magistral de Colonia, en 2008.
También dejó páginas escritas. Junto a Raúl Grosso publicó Erich Eliskases, caballero del ajedrez, homenaje a otra figura que hizo del juego una verdadera forma de vida.
Hoy, cuando el calendario vuelve a señalar el 17 de septiembre, el saludo a Guillermo tiene algo de partida suspendida. Porque los años pasan, pero sobre el tablero —como en la memoria— siempre queda una jugada por recordar.

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