Nació en Vedia y llegó a la cima del pugilismo mundial. Su trayectoria dio páginas de coraje, sacrificio y puños demoledores. Dos veces campeón mundial mediopesado, once defensas exitosas y una noche inolvidable en Johannesburgo hicieron de Víctor Galíndez una figura inmortal del deporte argentino.
Había en aquel muchacho de Vedia una fibra especial. Bajo la conducción de Oscar Casanovas comenzó a forjarse un boxeador de temperamento indomable, que encontraría en Morón su hogar deportivo y en Sergio «Esclavo» Burgos un compañero inseparable.
La medalla plateada en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en 1967, anticipó sus condiciones. Profesional desde 1969, conquistó los títulos argentino y sudamericano, hasta alcanzar la consagración mayor el 7 de diciembre de 1974, cuando venció por abandono en el decimotercer asalto a Len Hutchins, en el Luna Park. Era el primer argentino que obtenía una corona mundial en nuestro país.
Su reinado tuvo momentos extraordinarios. Once veces defendió exitosamente la corona. Pero ninguna jornada alcanzó el dramatismo de la de Johannesburgo, el 22 de mayo de 1976. Richie Kates le abrió la ceja derecha y Galíndez, cubierto de sangre y casi sin visión, siguió peleando hasta derribarlo a diez segundos del final. Una hazaña digna de un guió de cine que todavía estremece.
Perdió el título ante Mike Rossman en 1978, pero lo recuperó al año siguiente, convirtiéndose en el primer mediopesado en reconquistarlo. Marvin Johnson volvió a arrebatárselo.
Su vida física se apagó trágicamente el 26 de octubre de 1980, cuando un automóvil fuera de control lo atropelló durante una competencia de Turismo Carretera en 25 de Mayo. Contaba apenas 31 años.
En 2002 ingresó al Salón Internacional de la Fama del Boxeo. En su record profesional acumuló 55 victorias, 34 por nocaut y, por encima de las estadísticas, la estampa de aquel «Leopardo de Morón» que jamás entregó una pelea sin dejar hasta la última gota de coraje.















