Nació en Tandil un 23 de septiembre de 1988 y llegó a lo más alto del tenis mundial. Ganó el US Open, conquistó dos medallas olímpicas y fue pieza fundamental de la histórica Copa Davis de 2016. Pero su verdadera historia también se escribió entre lesiones, quirófanos y regresos.
La historia de Juan Martín Del Potro tiene títulos, emociones, sinsabores pero por sobre todo tiene gloria. Nacido en Tandil, aprendió a pegarle a la pelota desde los siete años y muy pronto quedó claro que aquel muchacho de casi dos metros tenía algo distinto. Una derecha pesada, un saque poderoso y una calma que parecía no combinar con semejante potencia.
En 2009 llegó la consagración. En Nueva York, Del Potro derrotó a Roger Federer y levantó el trofeo del US Open, convirtiéndose en el tercer argentino en conquistar aquel Grand Slam. Tenía apenas 20 años y el mundo del tenis parecía quedar a sus pies.
Después llegaron las lesiones, esas que muchas veces son capaces de apagar una carrera. Las muñecas, los quirófanos, meses de recuperación y rankings que lo encontraron demasiado lejos de aquel jugador que había sido. Pero siempre volvió. Y cuando parecía que ya no quedaba nada por demostrar, apareció otra vez.
En Londres 2012 consiguió el bronce olímpico y en Río 2016 alcanzó la plata. Ese mismo año fue protagonista de la Copa Davis que Argentina ganó por primera vez. En 2018 llegó el Masters 1000 de Indian Wells, otro premio para una carrera construida a fuerza de insistencia.
En febrero de 2022, después de otra lesión, regresó a una cancha en Buenos Aires. Sabía que aquella vuelta podía ser despedida. Lo fue. Y quizá por eso quedó una sensación difícil de explicar: Del Potro no se fue derrotado. Se fue después de haber vuelto una y otra vez.
Hoy cumple años aquel pibe de Tandil que alguna vez soñó con ganar un Grand Slam y la Copa Davis. Los ganó. Pero dejó algo más difícil de conseguir: el cariño de una tribuna que aprendió a esperarlo.















