En los Juegos Olímpicos de 1936, el pugilista oriundo de Buenos Aires alcanzó el podio en la categoría mediano y dejó su nombre grabado entre los representantes nacionales del medallero histórico en la máxima cita del deporte mundial.
El boxeo argentino tuvo en los cuadriláteros olímpicos un terreno propicio para demostrar su temperamento. Raúl Villarreal escribió su nombre en la historia deportiva vernácula, guapeando en tierras lejanas.
Nacido el 29 de octubre de 1909, Villarreal alcanzó la medalla de bronce obtenida en los Juegos Olímpicos de Berlín, disputados en 1936. En aquella competencia, con 26 años, intervino en la categoría mediano, reservada para pugilistas de hasta 72,574 kilos.
Su recorrido comenzó con una victoria frente al austríaco Hans Zehetmaier. Luego superó al neerlandés Gerardus Cornelis Dekkers y se ganó un lugar en las semifinales. Allí encontró al francés Jean Despeaux, quien lo derrotó y luego terminaría conquistando la medalla de oro.
Pero quedaba una última pelea por el bronce. Villarreal respondió ante el polaco Henryk Chmielwewski, quien abandonó el combate, resultado que le permitió al argentino colgarse la medalla.
Berlín 1936 quedó muy atrás en el tiempo, pero aquel derrotero dejó su marca en el olimpismo argentino. Sobre los cuadriláteros berlineses, Raúl Villarreal escribió una página de esfuerzo y dignidad pugilística, con la bandera argentina acompañando una conquista que es menester recordarla cada año.















